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07/03/2014 General

VENEZUELA, LA IZQUIERDA Y EL MERCADO

Por Fernando Villarán.

En un excelente artículo sobre la situación política de Venezuela publicado en La República el Jueves 27 de febrero, Sinesio López dice, a la pasada y entre paréntesis, que la polarización política se da “en el contexto de una aguda crisis económica”. En realidad, por muy importantes que sean los nuevos actores políticos (Maduro en vez de Chávez y López en vez de Capriles) la crisis económica es lo nuevo en la situación venezolana. Se ha repetido muchas veces que el gobierno de Venezuela, cualquiera sea su signo político, puede gobernar sin mayores problemas a ese país pues cuenta con los gigantescos recursos del petróleo (si los usa medianamente bien, por supuesto). Eso está cambiando con Maduro. Primero el control de divisas, luego el control de precios (no sólo de productos de primera necesidad), y recientemente el control de las ganancias, no sólo han generado un agudo desabastecimiento de bienes y servicios en Venezuela, sino que también han enfrentado a los empresarios contra el gobierno. Esto ha afectado a la clase media (de la que forman parte las PYMEs), que de alguna manera se mantenía al margen, y se está pasando a la oposición. En pocas palabras, lo que estamos viendo es que Maduro se ha peleado con el mercado, no podría decir si por convicción o por desconocimiento, y también se ha peleado con los empresarios (de todos los tamaños).

Esto me recuerda muy vivamente la situación de Allende en Chile (tema que ha sido mencionado en estos días para señalar la posible intromisión de la CIA y Estados Unidos en Venezuela). Cuando se dio el golpe de Pinochet en 1973, Chile vivía un desastre económico, había una huelga de camioneros que paralizaron el país, lo que generó desabastecimiento de todo tipo, incluyendo la gasolina para los autos, existían mercados negros para casi todos los productos, comenzando por los dólares, los militantes del MIR y el Partico Socialista tomaban las pequeñas fábricas y pequeños negocios acusándolos de burgueses boicoteadores del gobierno. Además, el manejo del gobierno era bastante caótico, los ministros (y demás funcionarios) obedecían a sus partidos antes que al Presidente, y la ineficiencia en los servicios públicos era la regla. Nadie me lo ha contado, yo estuve allí. Había una guerra declarada del gobierno contra el mercado y los empresarios, y los diversos partidos de izquierda la alentaban. Ya sabemos el resultado, le costó la vida a Allende y a la izquierda tradicional chilena.

A lo que voy es que si la izquierda quiere tener algún protagonismo en el siglo XXI y liderar los cambios que el mundo entero reclama a gritos para resolver la desigualdad, el calentamiento global, la persistencia de la pobreza, la irresponsable codicia financiera, la corrupción rampante, la concentración y manipulación mediática, que los poderosos de siempre no hacen sino alimentar, tiene que reconciliarse con el mercado y con los empresarios, grandes, medianos y pequeños. Ellos son indispensables para construir una sociedad próspera al mismo tiempo que justa y sostenible. La izquierda, de cualquier país, tiene que seguir el ejemplo de Deng Siao Ping en China, que alentó el mercado y abrió su país al mundo, el ejemplo del Partido Social Demócrata Alemán, que desde el gobierno hizo las reformas del mercado laboral y del sistema de pensiones, para salvarlo, el ejemplo de Mujica y el Frente Amplio de Uruguay, que maneja una de las economías más liberales del mundo, y sobre todo, el ejemplo del partido socialista de Chile que se autocriticó, recicló, reconcilió con el mercado, y hoy está de nuevo en el gobierno con Michelle Bachelet a la cabeza. Todos ellos han entendido que el mercado es como un gigantesco Dragón, pacífico y bonachón, que si lo tratas bien te sirve para muchas cosas, pero si lo molestas, te traga de un solo bocado. No sé si será demasiado tarde para el caso venezolano, pero por lo menos en el Perú, la izquierda tiene tiempo.