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15/09/2013 General

¿Por qué los conflictos sociales en el Perú?

Escrito por  Baltazar Caravedo, Presidente de Instituto SASE        

La tensión social del proceso peruano de los últimos cien años tiene impulsos que provienen de distintas regiones, ambientes, sectores, sujetos, colectivos, dimensiones y, también poseen manifestaciones diversas. Algunos se han convertido en energías transformadoras; otros, en energía entrópicas. Todo ello es referido de manera fragmentada por los estudios sobre violencia y conflictos. En ese sentido es necesario analizar el proceso desde un enfoque complejo, lo que lleva a ubicarse desde una perspectiva de totalidad y de largo aliento.

Existen varios planteamientos que ponen el énfasis explicativo en la dinámica de relación entre la estructura económica, la pobreza y el grado de desarrollo. Se puede decir que hay preocupación por abordar la pregunta ¿cómo hacer que se genere una fuerza capaz de articular actores? No hay estudios que hayan abordado el tema desde una perspectiva de liderazgo. No obstante, se sugiere que no puede haber gestión, dialogo, responsabilidad social o manejo de conflictos sin la existencia de factores de cohesión de las organizaciones que interactúan. Por lo general es una búsqueda de un “quién”, de un sujeto que reúna todos los atributos necesarios para hacer posible, con su autoridad, los procesos de acercamiento entre los diversos componentes del sistema en sus distintos niveles (macro, meso o micro). Se mezclan miradas autoritarias y democráticas. Se pueden encontrar afirmaciones tales como: “Hay que dialogar para llegado un momento si no se resuelve nada alguien tiene que tomar la decisión”. Es decir, hay un punto en el que se debe pasar del dialogo al enfrentamiento. Desde esa óptica no hay una compresión de sistema y, por lo mismo, se omite una entrada fundamental a la explicación de la relación entre los componentes del propio sistema.

La idea de “factor liderazgo” consiste en reconocer que un sistema (o sub sistemas) está movido por diferentes energías internas y externas, plasma lógicas de organización y comportamiento, y se encuentra sujeto a transformación permanente. Buscar una explicación en uno de sus componentes es ofrecer una respuesta sesgada, ideológica o simplificadora. Sostengo que lo que comunica o articula a todos los componentes de un sistema es una energía de cohesión, Y ésta, la energía de cohesión, es el factor liderazgo; es lo que permite que se concrete la posibilidad social y el manejo adecuado de los conflictos.

A lo largo de los últimos cien años en la sociedad peruana se han vinculado tres sistemas en fases convergentes o sucesivas y en distintas regiones con dinámicas diferentes: un sistema tradicional, otro sistema moderno y un tercer sistema al que dominaré tecnológico. En términos de la dinámica general de la sociedad peruana, en una primera fase el sistema moderno buscó imponerse al sistema tradicional, generando tensiones y enfrentamientos entre ambos; en una segunda fase el sistema moderno logró su propósito, ejerció dominio pero no hizo desaparecer de manera absoluta al sistema tradicional y asimiló varios de sus componentes;  en una tercera fase se incorporó el sistema tecnológico, añadiendo una complejidad mayor al vinculo.

En el conjunto nacional, la energía de cohesión del sistema moderno aseguró el equilibrio transitorio y la continuidad; tuvo la capacidad de constituirse en eje articulador, a pesar de que en varias regiones no logré ejercer dominio pleno, prolongándose la subsistencia del sistema tradicional y agravándose la complejidad cuando intervino el sistema tecnológico. En las regiones en las que hubo mayor resistencia del sistema tradicional, el sistema moderno no tuvo la fuerza para predominar como eje articulador; en el momento en el que convergieron los tres sistemas, se potenciaron los conflictos sociales; no existen; no existió una base que ejerciera una energía de cohesión del conjunto de los sistemas vinculados. En ese contexto las políticas que se pusieron en marcha para hacer predominar una energía de cohesión no lograron su propósito. Las estrategias de responsabilidad social y ambiental adoptadas por las organizaciones sólo se convirtieron en energías sociales de cohesión potenciales. El equilibrio entre las energías negativas y las energías constructivas ha sido irregular e incierto; cada intento por conducir o canalizar esa energía de cohesión ha terminado reproduciendo la dinámica anterior, lo que favoreció la incongruencia.