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01/06/2013 General

Las empresas y los conflictos sociales: La Responsabilidad Social Empresarial y los conflictos sociales en el Perú

Ponencia presentada por Alessandra Leverone, Directora Ejecutiva de Instituto SASE,  en el   evento “Buscando salidas a la conflictividad social en el Perú”, organizado por International Alert y el Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo –DESCO, el  25 de octubre del 2012.

Quiero presentar aquí la visión del Instituto SASE sobre la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) desde nuestra experiencia de trabajo con diversas organizaciones. La primera reflexión que me gustaría plantear gira en torno al alcance de la RSE. En nuestro caso, hace ya algunos años le quitamos el apellido: en realidad, estamos hablando de responsabilidad social de todos. Es decir, no podemos ni debemos seguir adjudicándosela solo a las empresas.

En esa línea, la misión de SASE como institución es contribuir con el proceso de transformación de la sociedad peruana a través de la promoción de la responsabilidad como tarea de TODOS: un Estado socialmente responsable, empresas socialmente responsables, y lo mismo para organizaciones de la sociedad civil. Incluso la Academia juega un rol crucial, según nuestro punto de vista.

De ahí que me parezca importante distinguir entre las obligaciones contractuales-laborales o de servicio-que están sujetas a sanción legal o penalidad por incumplimiento, y la Responsabilidad Social, en este caso empresarial, que es voluntaria en tanto no depende de la actividad de la empresa y cuya omisión no genera sanción legal sino moral. Reiteramos: es importante precisar esta distinción, porque una empresa que dice “yo si les pago puntualmente a mis colaboradores” está cumpliendo con la ley, no está haciendo Responsabilidad Social. Esto debe quedar muy claro.

Lo siguiente sería distinguir entre, por un lado, filantropía que es el compromiso ético individual cuyo sentido es asistencialista-acciones de caridad, por ejemplo-e inversión social, cuya finalidad es la canalización de recursos para asegurar imagen, temas de reputación o algún tipo de retorno; y, por otro lado, la Responsabilidad Social entendida como una nueva forma de gerencia que promueve liderazgos internos, que abre una mirada integral de futuro en la que la empresa se da una visión de mayor compromiso con la sociedad, una visión-país.

Al respecto, tenemos dimensiones como los derechos humanos, que pueden ejemplificar esto último. Hay ciertos estándares de Responsabilidad Social que tocan los temas de derechos humanos. Dos de los principios del Pacto Mundial están referidos a ellos. En la ISO 26000,  que es la guía de Responsabilidad Social para todo tipo de organización, no solo para las empresas, uno de los siete temas fundamentales es el de los derechos humanos, que, a su vez, contiene ocho subtemas. Luego tenemos la Global Reporting Initiative (GRI), una metodología muy utilizada para la elaboración de reportes de sostenibilidad  que contiene nueve indicadores de derechos humanos.  Estos tres estándares nos muestran la manera cómo están manejándose estos temas actualmente.

En nuestra experiencia desde SASE hemos visto, por ejemplo, que el acceso al empleo es una de las principales causas generadoras de conflictividad entre la comunidad y la empresa. Se han dado casos en los que cuando llega la empresa a la comunidad, ofrece 400 puestos de trabajo, y cuando debe implementar el compromiso se da cuenta de que no eran 400 sino menos, lo que genera una expectativa que termina en frustración. Existe el paradigma según el cual todo tiene que ser materia de compromiso y convenio, cuando es mucho mejor y más recomendable orientarse a mantener una comunicación fluida y la consulta: el compromiso no garantiza paz social, pero sí lo puede hacer la comunicación fluida y la relación constante. Eso lo hemos comprobado en nuestras experiencias de acompañamiento a diversas empresas.

De este modo, lo, lo más importante es cómo construimos y gestionamos nuestros vínculos, cómo nos relacionamos. Esto es algo válido en todo nivel y en todo tipo de organización, y es la única forma de hacer sostenible la relación, porque es fundamental para generar confianza y sinceridad, es decir, ser honestos con lo que estamos haciendo o pretendemos llegar.

En esa línea, en 2009 hicimos en SASE un estudio en siete regiones del país en el que la pregunta era: ¿Cómo actuamos las personas?; y, más específicamente, ¿cómo actuamos los peruanos? Se sabe que solo el 5% de nuestros actos lo realizamos en forma consciente; el 95%  restante obedece a patrones de conducta que repetimos de manera inconsciente y que están influenciados por acciones, lenguaje, tipos de relaciones; en suma, por toda nuestra “herencia”.  El estudio referido registró que las metáforas más mencionadas para describirnos como peruanos eran, entre otras, “hecha la ley, hecha la trampa”-es decir: estamos acostumbrados a sacarle la vuelta a todo-; “el papel aguanta todo”-es decir: mis compromisos simplemente no valen-; “roba pero hace obras”. Como podrán deducir, esto fue una tremenda llamada de atención para nosotros, porque nos empezamos a preguntar: ¿Cómo podemos trabajar juntos bajo esos patrones? En cualquier tipo de compromiso que queremos entablar, con estos patrones no tendremos ninguna seguridad de que funcione.

Cuando los seres humanos nos relacionamos, normalmente nos desenvolvernos en la parte visible del iceberg, que son las expectativas explicitas; pero no vemos el discursos subyacente, que vendría a ser la parte sumergida del iceberg, cuando es eso justamente lo que nos va a permitir entender a cabalidad lo que estaba expresándose a través de esas metáforas. Esto es lo que muchas veces sucede cuando se hace una intervención en alguna comunidad rural. Estamos hablando al nivel visible y no sabemos cuál es la dinámica real de este espacio, de esta comunidad.

Si no hay confianza se comparten las expectativas explícitas, la parte de arriba del iceberg. De esta manera, se entiende que la empresa ha hecho una buena gestión de Responsabilidad Social cuando presenta sus reportes de sostenibilidad, pero repentinamente estalla un conflicto. ¿Por qué? ¿Qué hizo mal? En casos como éste hemos tenido que retroceder y empezar a mirar hacia dentro de las propias organizaciones, revisar cuál es el discurso que se está emitiendo hacia afuera, y así empezamos a darnos cuenta de que muchas veces hay un discurso incoherente en los distintos niveles de la propia organización.

Ahora que escuchaba en esta reunión que el Estado debía tener coherencia en todos los niveles-nacional, regional y local-, pensé que eso mismo debían tener las organizaciones y las empresas. No es posible que los altos mandos de éstas tengan un discurso y cuando se habla con los responsables de las áreas de relaciones comunitarias el discurso sea otro. ¿A quién se le cree? Así no es muy fácil generar confianza.

Resumiendo, la estrategia es crear confianza. ¿Cómo se hace? Generando liderazgos con visión, construyendo una relación sincera, aprendiendo a manejar de forma adecuada los problemas y corrigiendo acciones o deficiencias. Porque, como ya se dijo, los conflictos son una oportunidad para mejorar, y así los tenemos que ver, para ofrecer respuestas oportunas. Esto es una crítica, desde nuestro punto de vista, a las empresas.

Sin embargo, no podemos seguir viendo a las empresas como si fueran el centro del sistema solar, el núcleo desde el cual todos respondemos de acuerdo con sus necesidades. Esto, en verdad, es muy egocéntrico. Ellas no están al medio, porque somos todos los actores de la sociedad los que tenemos que intervenir. En ese sentido, la experiencia obtenida nos permite identificar la existencia de grupos de interés cuyas dinámicas en materia de Responsabilidad Social son más complejas de las que habíamos asumido previamente. Esto nos obliga a ver la figura completa, pues se trata de un sistema con una dinámica más compleja, que contiene tensiones positivas y negativas, y cuyo “balance de energía” depende de la carga que prevalezca, lo que permitirá-o no-la autogerenciación del propio sistema.

De este modo, la Responsabilidad Social no es una receta; no se puede decir que una empresa hace Responsabilidad Social porque ya tienen el tema de los conflictos solucionado, porque éstos automodificándose conforme se va haciendo la propia gestión. Al respecto, debe apuntarse además que hay una importante situación respecto a la Responsabilidad Social en la organización interna de las empresas, que no profundizaremos en esta oportunidad, por la que muchas veces es el área de Relaciones Comunitarias la que se encarga el tema y, a través del ensayo y el error, va corrigiendo el proceso de avance en las metas que se establecen.

Creemos, pues, que la Responsabilidad Social es un concepto que se materializa en la realidad concreta; sin la puesta en práctica de ciertos principios y valores no se puede ser socialmente responsable. Los valores éticos son indispensables, y si no empezamos por ellos todo será en vano: no se puede hacer Responsabilidad Social si no se es ético. En otras palabras, la coherencia entre el discurso y lo que se hace es sumamente importante. De modo que es bueno tomarnos un tiempo para reflexionar sobre cuál es el discurso subyacente cuando nos relacionamos, qué está detrás de los intereses evidentes, y cómo ello se vincula con la construcción de ciudadanía. Además, no podemos decir que la Responsabilidad Social recae exclusivamente en las empresas, porque concierne a todo tipo de organización, y las organizaciones están compuestas por personas; por eso nosotros, desde SASE, no intentamos transformar organizaciones: transformamos personas, y sabemos que estos procesos son lentos. Y ésta es la forma como contribuimos en la construcción de una mejor sociedad. Ésa es la mirada de SASE.

http://www.desco.org.pe/sites/default/files/publicaciones/files/international_alert.pdf